domingo, 14 de junio de 2009

Ahora he de ahuyentar las tinieblas

Preámbulo

Vengo de las noches más tristes, ya han hecho en mi una llaga imborrable. He pasado por las sombras interminables en el trayecto del sol, ahora he de ahuyentar las tinieblas. Camino y miro adelante, cada día me encuentro con los colores del alba, en ellos encuentro aliento para una vida renovada, -–¡hay que luchar para estar vivo!– Así susurro al despuntar el alba.
Con la historia de Fénix o La Ciudad del Sol quiero dejar expuesta una idea que espero que alguien con más conocimiento y con mas tiempo la desarrolle con habilidad y capacidad seductora. Pienso que merece la pena esclarecer los símbolos de nuestro pasado y refundarlos en el presente.
En la historia de las religiones y mitologías se han creado relaciones simbólicas entre diferentes figuras de carácter misterioso, terrible, "sagrado". En ocasiones las cualidades de determinado animal, planta, piedra o montaña, sirve para encontrar explicación al misterio generado por una situación inexplicable. Cuando se encuentra un nexo común entre las relaciones provocadas por pequeños fenómenos observables y grandes acontecimientos inexplicables y se repara que esa es la clave para descifrar el enigma, algo importante se revela ante nosotros. Con el nuevo razonamiento ya podemos soportar las ideas en una trama ordenada y aliviar así el desasosiego y la incertidumbre.
Las conclusiones espirituales siempre nos llenan de asombro y tenemos la impresión de que hemos sido asistidos por una solución inspirada. En este caso quiero desarrollar mi feliz encuentro con el sol y unirlo a los símbolos antiguos, el escarabajo pelotero, el ave Fénix y la imagen de la resurrección de Jesús. Todo ello para entender el nacimiento del sol como la autentica renovación, (no resurrección) ya que en los brazos de la aurora nada es igual bajo las vigas del cielo. El cambio continuo de los acontecimientos, unidos a los ciclos que nos expone, nos hace sentir renacidos entre las brumas del alba, ¡cada día!. Este es el trabajo que estoy desarrollando bajo la idea de Fénix . Un año observando y haciendo diez acciones ante las luces y las sombras del amanecer.
Antes de llegar a ninguna conclusión al respecto del renacimiento, empiezo negando el principio de fe para averiguar cualquier cosa, ese es el camino para engañarnos. En cuestiones estéticas puede entrar todo, pero no el engaño. Puedes estar equivocado pero nunca engañarte y crear historias interesadas. Afirmo el valor de la observación, la confrontación y la voluntad de llegar hasta donde las fuerzas nos ayuden.
Hoy puedo afirmar que Fénix está disuelto entre los efectos de la aurora, en los cambios que nos somete cada día al ahuyentar la luz hacia poniente, ahí está su autentico escenario de representación y cambio, su aparente renacimiento. “Renacemos” porque somos parte de la vida y en el rodar de los cambios encontramos también el lecho de la muerte, !es ineludible! Pero en esta circunstancia se basan las creencias de una resurrección posible. Ahora bien, podemos constatar la transformación permanente, la simbiosis de unas formas de vida que alimentan a otras. El inicio de esa gigantesca rueda nutricia de vida y muerte, está en la energía que desprende el sol. Él crea la vida y la alimenta sin dañar a nadie, ese es Fénix, el que se alimenta de gotas de rocío sin coste de vida alguna. Él sólo acumula circunstancias favorables en este momento, quizá más adelante será el que dejará todo listo y a punto de empezar.
Celebro con alegría la sabiduría de algunas personas, su luz nos ilumina durante muchos años… También la de aquel copista que escribió sobre pergamino que Fénix comía gotas de rocío, lo leí en un manuscrito en la biblioteca del convento de los dominicos, justo delante de donde el maestro Toledo tiene el centro de gravado en Oaxaca, (México). Me asombra su poder evocador, comer gotas de rocío y excretar perlas diminutas…Una verdad no anula la otra, pero la verdad poética…, toca los postigos del misterio y quedan los oídos llenos de cascabeles.
Quizá Fénix no es un ave sagrada, ni una garza divina; es un mito que nace de la fantasía, y también, una estrella que se consume sola, y, en su digestión limitada, ahora hace posible la vida en la tierra. Pero los sabios antiguos que vieron en la aurora la formación y el nacimiento de fénix fueron geniales. Son mi herencia predilecta, ¡gracias, gracias, les digo! Una y otra vez y no me canso nunca. Tomo con placer su testimonio y lo hago mío, todo mi trabajo es una mirada desde hoy a sus ojos. Yo veo cada día el pájaro como se eleva y a su vez, como el resto de las aves empiezan su canto, es la sinfonía del despertar a la vida, una autentica epifanía de la realidad. Para algunos una cursilería, prefieren el trepidar del asfalto, el retumbar de los cañones, quizá las chimeneas humeantes. Yo pienso que hay que pisar el suelo y sentir su firmeza con el corazón del mundo. La tierra es pequeña, en el universo, menor que un grano de mijo, pequeña y débil, pero es nuestro hogar y hay que tener la casa limpia y en orden… ¡que difícil es hacer llegar este mensaje! Lo curioso es que ahora muchos empiezan a vivir del mensaje… ¿estamos ante una nueva religión? Es la pregunta del día…
Sobre el tema del alma ya entraré a hablar de ello mas adelante, es el trabajo oculto en muchas de mis esculturas. Es un tema que me apasiona y pensar que me ubico en los sentidos y sólo en ellos me encuentro, es un reto para explicar en media cuartilla.

Tradición romana

Las virtudes de Fénix la heredan los romanos de los griegos y egipcios. La fuente narrativa más singular es la que ofrece Herodoto que vivió entre el 484 y el 425 a. C. (Los nueve libros de la historia es un gran tesoro de la memoria antigua. Libro II, Euterpe / 73). La nombra Luciano, Ovidio, Séneca y Plinio entre otros escritores romanos...

Para Claudio Claudiano, quizá el último de los poetas remarcables de roma, S. IV d.C. dice que –"es un ave igual a los dioses celestes, compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No sacia su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna"– En términos similares dice que habita en un lugar distante, seguramente en oriente que es el lugar de la bienaventuranza y donde dicen estuvo el paraíso. Quizá su morada pueda ser las riberas del Nilo, el viejo país de Horus.
Expone con elocuéncia que Fénix es un ave misteriosa que se funde con el sol. Es de enorme tamaño, cuyas plumas de oro bañadas de rojos y anaranjados la distinguen de las demás aves. Su plumaje es de un rojo encendido como el azafrán, cubre sus hombros, pecho, cabeza y cuello con los rayos del sol. Lo que más sobresale en su hermosura es la cresta que lleva en la cabeza; dos plumas alargadas terminadas con una estrella de luz potente que alumbra las tinieblas.
Claudio Claudiano aporta una mirada moderna y poética al mito y lo compara con dos jacintos azules, de los que sale una llama, con los que canta y saluda al sol.


Nota: Claudian. Traducción al ingles por: Maurice Platnauer II volúmenes. Págs. 223-hasta la 231.

Cambrige, Massachussets. Harvard University Press. Wiliams Heinemann LTD Londres 1972


Su alusión a las águilas es posiblemente que sea errónea, el águila se asocia a la habilidad, el valor y la fuerza, no a poderes mágicos y genésicos. Los romanos hacían servir el águila como símbolo imperial y de ellos se ha difundido en la imaginería occidental y ha sido el animal totémico en la mayoría de los imperios creados en Europa. En época post-romana es frecuente encontrar representaciones de Fénix con forma de águila, pero en la antigüedad es rara la alusión asociada a este animal. Hay que esperar a la época romanizada para encontrar alguna mención entre el águila y el principio de la creación. (Ver tradición cristiana)
Igual que Benu, medito que hacer y que no hacer...