martes, 25 de agosto de 2009

El camino, una reflexión abierta

El camino. 25.8.09

Los pies, como el espíritu, pueden estar en quietud eternamente, pero están hechos para sentir, amar, llorar, andar, correr, y multiplicarse. Atraviesan un paisaje reflejado en la mente, de auto-referencia y, como las olas, transitan y hacen los atajos que son también líneas sinuosas, trayectos personales. En el camino se hace la mirada y los ojos proyectan luz al viaje; son las experiencias del trayecto vivido que se expresan y ayudan a seguir. El camino nos hace, ¡somos el camino!

Hildegarda de Binsen escribió Scivias,  (Conoce los caminos del Señor) y Antonio Machado proporcionó una versión poética del camino de la vida, recreó magistralmente la idea del camino como el resultado del andar, la senda que se ha de hacer y acumular experiencia. También de cómo cada persona se construye así mismo en cada paso que avanza, así determina el flujo temporal que tiene que quedar grabado, fijado en su memoria. Un tatuaje que presenta el destino como un libro asombroso, un relato grabado que explica la historia de su vida, dibujada con el registro sutil del caminar.

Golpe a golpe
verso a verso
Caminante no hay camino
se hace camino al andar.

Verso a verso, el caminar es un acto poético. Golpe a golpe, es también una lucha heroica. Paso a paso, es una batalla que termina en la etapa final, cuando llegas a Ítaca.

El sol me ha dicho esta mañana.

– Las luces de la aurora son exhortaciones que inducen a caminar; todos los paisajes vividos quedan gravados en el rostro, las nubes cubren una parte del cielo, nunca queda todo al descubierto. –

Otros autores han trabajado el motivo del camino utilizando formas y lenguajes muy variados. Walter de Maria retiró todas las piedras de una franja del suelo en forma sendero recto para hacer un atajo en el desierto de la Nevada meridional, en los E.U.A. Gina Pane, hizo un camino de troncos para pasar por encima de la nieve, y Richard Long arrancó las flores de un prado para crear una franja en el suelo tejido de hierba. También, el mismo autor realizó una obra sobre el camino, anduvo arriba y abajo hasta hacer un atajo en la hierba, una senda sobre la piel vegetal que viste la tierra.
Quizá sea oportuno recordar uno de los relatos de Borges, él ha dejado un amplio repertorio de asombrosas paradojas.
En El hacedor, de J. L. Borges, se lee:

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

El camino es un lecho de melancolía; el sol surca el cielo y nos sobrecoge, nace en oriente y muere en poniente, lo vemos así cada día. Parece que todo es igual, aburrido y mecánico en las cimbras del cielo. Nada más incierto, no hay ni un solo día que se presente igual ante nosotros. Sin contar los pequeños factores que modifican el fondo, la posición en el afelio, o en el perihelio de la tierra respecto al sol y el movimiento de nutación del eje de la tierra no lo hacen posible. Por si fuera poco, la tierra sigue el trayecto de una “elipse perturbada”, En el viaje de la tierra no hay ningún día igual en toda su historia.

Es una danza maravillosa que no tiene repeticiones, tiene pasos previsibles, !hace caminos nuevos constantemente!


Camí aire i alè, !és la vida!
Fem camí per les aurores
El vent ens acompaya
Apaivaga la soletat

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