jueves, 30 de julio de 2009

El límite

El horizonte une el cielo y la tierra. 30-7-09

Un alud de preguntas me abordan cuando subo a Alcor, es una cuestión que tengo que matizar para no perderme. Hoy me llama con fuerza la idea del límite, el horizonte me habla de él y me interroga sobre aquello que oculta tras lo visible. No puedo divagar sobre aquello que no veo, tengo que poner ejemplos claros, el límite es relativo, parece ser que lo más apropiado es hablar de lo que vemos y conocemos, más allá son hipótesis para el sueño.

María José está en los Andes: qué límites entran por sus ojos, qué paisajes quedan gravados en su pensamiento, qué hay detrás del perfil de las montañas. Esa es la pregunta y la fuerza que da energía al viajero… quizá también la trampa para una sed de aventura que no tiene límite.

El telescopio Hubble nos cambia los horizontes cada día, huye hacia el fondo y con él seguimos dilatando nuestro límite interior. La sed de apurar los límites no se acaba nunca, pienso que debe ser que esperamos el final del viaje y en él vemos el trayecto cumplido, el programa finiquitado. Tenemos que devorarlo todo para morir con el deber cumplido.
Hay que conocer el límite del universo para saber con certeza que nuestro cometido, el saber, ya es un hecho del pasado. Después de esto podremos descansar en las playas placenteras de los parques temáticos...

El año 1996, mi familia y yo estuvimos en Galicia y entre otros lugares fuimos a visitar, la fiesta vikinga y la pedra que bala, eran otros tiempos y estábamos todos. También estuvimos en Finisterre, justo en el límite de la tierra conocida para los europeos en la edad media. Tenía el propósito de volver a trabajar la idea de las fitas, los mojones, visto de otra manera, con otros conceptos en juego. La nueva propuesta era encontrar la frontera entre la tierra y el agua, como una manera de ilustrar la idea de un espacio que nos conecta con áreas móviles y desconocidas.

Para nosotros ahora no tiene ninguna importancia mirar el mar y perderse detrás del horizonte, no produce ninguna impresión contemplar aquella masa de agua y observar el vértigo del infinito. Para el hombre que habitaba la tierra antes de 1492, y de eso hace cuatro días, el océano tenía un poder extraordinario y en él se escondía el fin del mundo. Este enigma del límite tenebroso, es el mismo que tenemos ahora con respecto al fondo del universo.

En Finisterre, en una de sus playas, volví a trazar la idea de límite, la línea-idea en la frontera, justo en el territorio de nadie allí donde el tiempo actúa a cara descubierta y baila el eterno canto de la materia y la energía. Me acompañaba en la faena mi familia y las vibraciones del agua y la tierra, las oleadas iban y volvían sobre un ser que duerme plácidamente. La arena dejaba su resistencia a la movilidad de sus partículas disueltas y el límite cambiaba de lugar constantemente. Como dos materias que copulan, la tierra y el agua se fundían en una sola acción, ir y volver, ir y volver, marcando el ritmo de un corazón eterno que es movido buscando el equilibrio.

Después de trazada la línea-límite: definido el final y el inicio de la tierra conocida, decidido el lugar de la acción, en una botella de plástico recogí el concepto, tomé la idea en forma de arena y agua y me la llevé a casa. Cogí parte de la frontera-límite y dejé la obra por concluida.
El final de la tierra, para la concepción contemporánea, ahora es transportable, cualquier lugar es el límite, el final y el comienzo, cualquier sitio es el centro del universo, por ejemplo, Alcor es un excelente centro del universo.

El final lo observo al salir el sol, él es nuestro límite y con él viajamos placenteramente por este lado de la galaxia. ¡Los otros límites son inabastables…!

Ahora me voy al taller estoy realizando una escultura para La Musara, Finestres de la Musara, el límite esta en llegar al fondo de la piedra , liberar el espacio para que quede una arquitectura simbólica, un lugar con sus límites definidos y la historia clara.

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